Belleza

Scandal de Jean Paul Gaultier

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¿Quién es esa mujer?

Revolucionó el ambiente al irrumpir en ese restaurante de alto copete. El misterio que inunda las veladas más elegantes era palpable.”

Se podía oír el aleteo de una mosca.

Los estirados clientes no soltaron el tenedor.

Estaba claro que esa mujer causaría estragos.

Con esas piernas de infarto, una americana a la espalda y ya (o casi).

Hacía falta valor para presentarse de esa guisa.

Por no hablar del efecto que causó en esas damas y caballeros.

Los más comedidos se preguntaban: «¿Quién es esa mujer?»

Otros, lo tachaban de escándalo, y ni se molestaban en esconderlo.

Pero a ella no le importaba lo más mínimo.

No había venido por ellos. Estaba allí para algo mejor.

¿Su perfume? Nada más y nada menos que Scandal à Paris, de Jean Paul Gaultier.

Esa noche, gracias a ella, la ciudad de la luz iba a brillar con toda su fuerza.

Frasco

Para abrir el apetito: un frasco tan rosa como alegre. La despreocupación en un frasco.

El tapón, no deja lugar a dudas: la mujer, con las piernas por el aire, dispuesta a sumergirse en un gran baño nocturno. Aquel en el que todos se acaban mojando…

Estuche

Una gran proeza, la de concentrar la esencia de París en una caja. Tan embriagador, tan empolvado, tan aterciopelado… Rosa como el amor y rojo como la lujuria. No es necesario abrirlo para adivinar que encierra un escándalo en su interior.

Perfume

La clase de perfume que exaltaría a cualquiera: exuberante como la miel, jugoso como la pera y vibrante como el jazmín.  Un acorde de miel jazmín para contar esta historia. En cualquier caso, juraríamos que esconde un deseo oculto.

¿Su nombre? Irina Shayk.

Condenadamente guapa.

Con sus piernas podría reconstruirse la Torre Eiffel.

Un sentido del humor que volvería loco a cualquiera.

Con un aire extranjero, pero una picardía muy parisina.

«Fuerte y libre», como la definen sus numerosos admiradores.

¿Quién mejor para encarnar a la nueva heroína de Scandal?

¡Y vaya heroína!

Los perfumistas, siempre tan avispados, cuando se proponen algo, remueven cielo y tierra para conseguirlo.

Daphnée Bugey y Fabrice Pellegrin, así se llaman.

Una apuesta arriesgada en el París más trepidante que tan bien conocen.

Si les dices: etéreo pero dulce, fresco pero embriagador, insólito pero universal… ¡Van y te crean un perfume!

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